Excursión a Sesa

Como otros años, nuestro CRA participó en una actividad de concienciación medioambiental organizada por la Comarca de la Hoya de Huesca. Esta vez el lugar a visitar fue nuestro propio pueblo: Sesa.

Los compañeros de Lalueza, Curbe y San Lorenzo del Flumen vinieron en autobús y nosotros nos convertimos en guías de la excursión. Dos monitores, Chema y Pablo, iban comentando los que veíamos.

En primer lugar, fuimos a buscar nidos de pájaros por el pueblo.

En la plaza, encontramos varios nidos de “avión”. Estas aves se parecen a las golondrinas, pero no son iguales. Chema nos enseñó unas láminas para saber distinguirlas. Viven cerca de los seres humanos y construyen sus nidos con barro, dejando solo un pequeño agujero para entrar.

Con respecto a las golondrinas, antiguamente se creía que en las casas donde ponían sus nidos no se producían incendios. En la actualidad, la gente suele destruirlos debido a los excrementos que se acumulan debajo. Esto es un error, pues se calcula que una golondrina puede llegar a comer unos 50 kg de mosquitos al año. Son, pues, muy beneficiosas. Una solución podría ser colocar cartones debajo de los nidos para que no ensucien.

Otro animal muy beneficioso es la lechuza, ya que es capaz de cazar hasta 50 ratones en una sola noche. Podemos hacer que vivan cerca de nosotros construyéndoles un nido con una caja.

Son muchos los animales que viven a nuestro alrededor desde que los humanos se hicieron sedentarios en el Neolítico e inventaron la agricultura, ya que esto les proporcionaba comida fácil.

Pablo nos puso una grabación con sonidos de varios pájaros que viven por la zona. Kiko, que sabe mucho de este tema, distinguió al vencejo y a su “primo” el colibrí. También estaba el autillo, que en esta época emigra, pues no encuentra las mariposas nocturnas de las que se alimenta.

A continuación, nuestro compañero Acher nos condujo rápidamente, por un camino que él conocía, hasta el río.

Después de ver la fuente y el antiguo lavadero, nos dirigimos al bosque que hay junto a la orilla.

Allí almorzamos y, a continuación, dirigidos por Chema, realizamos entre todos la representación de un ecosistema. Los profesores eran árboles y el más viejo no dejaba crecer bien a los otros pues tapaba el sol con sus hojas. Cuando este caía, los otros crecían más deprisa. Luego venían los hongos descomponedores, que aportaban sustancias a la tierra; los gusanos, que con sus túneles le daban oxígeno y agua. Había un mirlo, que avisaba si alguien venía; un azor, que lo cazaba; un corzo; etc. Al final, Chema interpretó al jabalí, que comía de todo.

Comprobamos cómo en un ecosistema todos dependen de los demás y lo fácil que es destruirlo si se rompe alguno de los eslabones de la cadena.

Una de las cosas más interesantes que nos contaron fue que, según las últimas investigaciones, los árboles poseen una especie de “inteligencia”, que se localiza en las raíces. Esta les permite, por ejemplo, crear un veneno que elimine a los insectos perjudiciales que les atacan. O “comunicarse” entre ellos a través de sustancias químicas. O “avisar” a determinados pájaros para que vengan a comerse a los insectos.

Los árboles más valiosos son, por tanto, los más viejos, pues son los que acumulan mayor experiencia y sabiduría.

Durante esta parte de la excursión, nos acompañó un equipo de la televisión aragonesa. Filmaron lo que hacíamos y entrevistaron a varios compañeros y a algún profesor.

A continuación, nos dirigimos al Mirador del Castillo. Por el camino, comimos litines y disfrutamos del olor de las plantas aromáticas. También vimos un antiguo horno de cal.

Desde el mirador, podían verse las parcelas de distintos colores, según lo que se cultivaba en ellas; la zona del río en la que habíamos estado, donde los árboles formaban una especie de galería, y, al fondo, la sierra de Guara y algunos picos del Pirineo.

Nos explicaron que antiguamente esta era la zona más rica de la provincia y, por tanto, la que más impuestos pagaba. Había abundante agua procedente de las montañas y el clima era bueno, por lo que podía cultivarse prácticamente de todo. Hacia el sur, algo más seco, abundaba el cereal.

Hoy en día, esto se sigue haciendo, pero da un poco de pena ver algunos campos abandonados y cómo los pueblos de esta zona se van poco a poco deshabitando.

Bajamos del mirador y llegó la hora de la despedida.

Nuestros compañeros subieron al autobús y nosotros volvimos a la escuela.

Había sido una excursión muy interesante en la que habíamos aprendido mucho… y sin salir de nuestro pueblo.

Podéis acceder a la galería de fotos de esta actividad en el siguiente enlace:

📷 https://photos.app.goo.gl/Wi8Z8jqqBQQhD4wA7

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